CRÓNICA/ Isabella Chávez Aguirre

Para muchas personas, la casa es el lugar donde se sienten seguras, donde pueden descansar y estar tranquilas. Sin embargo, para Luis, la casa en la que vivió durante su infancia está relacionada con varias experiencias que hasta hoy recuerda y que no sabe cómo explicar. Su historia comenzó cuando era muy pequeño, aunque una parte de esos primeros recuerdos la conoce por lo que le ha contado su mamá.
En la parte de arriba de aquella casa había tres cuartos. El cuarto de sus papás estaba del lado izquierdo y, junto a la puerta, tenían una cuna donde dormía Luis. Él cuenta que desde muy pequeño sentía que algo lo molestaba y lo despertaba, por lo que terminaba durmiendo con sus papás, abrazado a ellos. Sin embargo, Luis aclaró durante la entrevista que no recuerda esos momentos por sí mismo; son historias que su mamá le ha contado con los años.
La primera experiencia que recuerda ocurrió cuando tenía aproximadamente ocho años. Una noche soñó que tenía que escapar de su casa porque no se sentía seguro. Abrió la primera puerta que daba al patio, caminó por todo el patio y abrió la puerta de metal que salía a la calle. Fue entonces cuando su mamá lo vio y lo llevo de nuevo a su cuarto. Antes de regresar al cuarto, alcanzó a ver, según sus palabras, “una figura grande, oscura, tenebrosa y fría”. Ese recuerdo se quedó con él y fue una de las primeras situaciones que relacionó con lo que sentía en aquella casa. (El cree que esa presencia lo obligo a salirse de su casa.)
Luis también contó que no era el único que había vivido situaciones extrañas en ese lugar. A su mamá nunca le pasó algo parecido, pero su papá tuvo una experiencia una vez. Estaba sentado en el colchón del cuarto donde dormía con Luis y su mamá. No había nadie más en la casa y estaba viendo la televisión cuando sintió que el colchón se hundía a su lado, como si otra persona se hubiera sentado. Luis explicó que su papá sintió frío en el cuerpo y que la vista se le puso blanca, como cuando alguien está a punto de desmayarse.
Otra historia fue la de una señora que ayudaba con el aseo. Mientras lavaba los trastes, vio pasar a un hombre por un ventanal grande. Pensó que podía tratarse de alguien que había entrado a la casa y le llamó al papá de Luis. Fueron a revisar, pero no encontraron a nadie. Para Luis, saber que su papá y la señora también habían vivido situaciones que no entendían hizo que recordara de otra manera lo que él mismo había experimentado.
Cuando tenía alrededor de doce o trece años, Luis comenzó a sentirse muy mal de salud y no podía dormir bien. En la entrevista contó que se despertaba muy cansado, que era un niño muy flaquito y que tenía problemas de salud, incluso desnutrición. Su familia buscó ayuda religiosa: un padre fue a su cuarto para realizar un exorcismo y después Luis fue a un seminario, donde le leyeron unas palabras en latín con la intención de expulsar a ese ser y evitar que, como él lo expresa, le “robara luz”.
Tiempo después, Luis soñó con aquel hombre y, según cuenta, este le dijo: “Soy Juan”. Luis sintió que entendió quién era y pensó que no se trataba de algo humano, sino de algo que simplemente ya estaba ahí. Esta es la forma en que él interpreta esa experiencia, aunque no tiene una explicación que pueda comprobar.
Otra situación que recuerda ocurrió después de regresar de practicar un deporte. Su mamá estaba cocinando y él subió a su cuarto para cambiarse. En el armario tenía un espejo corredizo; empezó a escoger su ropa, abrió el armario, tomó lo que iba a ponerse y, al cerrar el espejo, vio a el mismo hombre detrás de él. Luis lo describió con tres palabras: “feo, blanco, raro”. Se asustó mucho y bajó corriendo, pálido, para buscar a su mamá. Le dijeron que hiciera rezos antes de dormir, pero él afirma que eso nunca le ayudó.
Una de las experiencias que más llama la atención ocurrió cuando Luis iba en motocicleta con su hermana Dana rumbo a Tepoztlán. Ya era de noche y pasaban por una zona rural donde había sembradíos. Luis vio una casa con unos hombres y, en tono de broma, le preguntó a su hermana: “¿Ya viste esa casa? Esos señores se nos están quedando viendo”. Él pensaba que su hermana no podría ver lo mismo que él, pero al voltear notó que estaba espantada. Dana comenzó a llorar y le dijo que aquello no parecía real.
Luis contó que su hermana estuvo asustada durante aproximadamente dos días: lloraba y no podía dormir sola. También hizo que regresaran por ese camino para comprobar si había una casa en ese lugar. Cuando volvieron, no encontraron ninguna; solamente había sembradíos. Para ambos, fue una situación difícil de entender, especialmente porque Luis pensaba que su hermana no iba a reaccionar de la misma manera que él.
A pesar de estas experiencias, Luis dice que su vida social durante la infancia iba muy bien y que era un niño alegre. Considera que donde sí tuvo consecuencias fue en su salud y en su descanso, porque estaba enfermo con frecuencia y no podía dormir. Al hablar de lo que vivió, no presenta una explicación definitiva, pero sí comparte la manera en que entiende estas presencias. Cuando le pregunté si creía que podían saber quién las percibía, respondió: “Creo que conocen al tipo de gente más susceptible o perceptible. A lo mejor es un tipo de señal para comunicarse y lograr estar en paz”. Tambien comento que cuando una presencia es mala o buena, puede sentirse.
La historia de Luis reúne recuerdos propios y relatos que otras personas le compartieron. No todos los episodios tienen una explicación clara para él, y cada lector puede interpretarlos de una manera distinta. Lo que sí queda claro al escucharlo es que estas experiencias formaron parte de su infancia y que, especialmente por los problemas para dormir y de salud, dejaron una huella en su vida. Su relato mantiene abierta la pregunta sobre aquello que no siempre logramos comprender.
Con los años, aquella casa quedó atrás, pero las experiencias que Luis vivió durante su infancia permanecieron con él. Las figuras que aseguró haber visto, las sensaciones que describieron el y su padre y aquella casa que su hermana vió en medio de la carretera forman parte de una historia para la que todavía no existe una respuesta definitiva. Quizá cada acontecimiento tenga una explicación, quizá nunca llegue a descubrirse. Lo cierto es que, cuando se escucha a Luis relatar cada episodio, resulta inevitable preguntarse hasta dónde llega lo que conocemos y qué hacemos con aquello que no logramos comprender. Porque, a veces, lo que más miedo provoca no es aquello que vemos, sino la incertidumbre de no saber qué fue. Y si todo aquello que vivió Luis sigue siendo un misterio, ¿cuántas cosas podrían estar ocurriendo a nuestro alrededor sin que siquiera nos demos cuenta?
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